Esperanza inmortal: tejidos de color

Había estado ocupada desde el principio de los tiempos. Casi sin tregua la humanidad la había quemado sin contemplación. Su ir y venir durante milenios iluminó el camino de muchos desafortunados que cayeron y luego se levantaron. Batalla tras batalla, revolución tras revolución ella estaba allí. Después de la “Gran Guerra” cargó con el peso de millones de almas ávidas de una segunda oportunidad. El holocausto la vio llorar. Medio mundo la necesitó después de la segunda guerra. Pero tanta devastación la marcó, su espíritu altruista estaba cansado y su mente desconcertada tras tanta violencia, muerte y destrucción. Llegó el día en que se hartó de volar en la oscuridad en búsqueda de la luz y de empollar y quemar sus huevos generación tras generación, de exprimir sus lágrimas milagrosas que curaban el dolor. Se agotó. Se deprimió.

 

“Cada hilo entrelazado va tejiendo esperanza.”

 

Entonces decidió regresar con su familia. Abrazar a sus hijas y disfrutar de la vida. Quiso recuperar todo el tiempo perdido y aliviarse del peso ajeno. Recorrió el mundo volando con alegría y sin preocupación, olvidando el mal, captando cada brillo que la naturaleza le presentaba. Bebió. Comió. Se enamoró del violín y bailó. Disfrutó del sol en sus plumas y en la piel y extrajo de la luz los más lindos colores creando tejidos con sublimes paisajes y diseños nunca vistos. Tejió y tejió. Se fue a la montaña, al mar, al desierto y disfrutó sus olores y esa sensación de libertad sin el flagelo de la guerra.

IMG_0493-min

Pero con el paso del tiempo empezó a ver un cambio en sus tejidos. Algo se transformaba. Algo estaba mal. Los colores estaban allí pero el verde estaba opaco, estaba triste, cada vez más ausente y sombrío. Se dio cuenta que sus diseños perdían vida. Emprendió el vuelo para saber lo que sucedía. Voló alto, luego bajó a las llanuras, a los cultivos y a las copas de los árboles. Entonces su corazón se afligió. Sí. Era el verde. Estaba enfermo. Se dirigió a donde habitaba la gente y vio el caos. Las personas también habían perdido su color, la alegría, el optimismo y las ganas de luchar. Las ciudades desbordaban tristeza y miedo. El gris del cemento se acentuaba por la mirada opaca de la gente. Habían perdido la esperanza. 

“Cada diseño elaborado expresa vida.”

Regresó a su casa y vio también la desazón en la mirada de sus hijas aves. Sus verdes plumajes estaban grises. No deseaban volar. La desesperanza reinaba y sus tejidos eran imágenes oscuras y frías. Hasta el sol había perdido su brillo.

Había visto varias veces algo parecido en el corazón de los humanos. Pero ahora era peor, no había en ellos la chispa de la esperanza. Entonces, como siempre lo había hecho, juntó especias y hierbas aromáticas, hizo un nido hermoso, lo llenó del poco verde que le quedaba y se dispuso a poner un huevo. Lo empolló. Al tercer día el nido ardió. Como en el pasado, cada vez que la humanidad lo necesitó, del huevo y en medio de las cenizas renació triunfante, eterna, un ave Fénix cubierta de luz.

 

Género literario: narrativo: cuento corto

Danilo A. Alvarez Castillo

Danilo A. Alvarez Castillo

Guatemalteco. Médico veterinario e investigador. Amante entusiasta de la escritura.

MATYOX Es Arte-Sano Típico

Bolsos con diseños innovadores de cuero genuino y aplicaciones de tejido típico del altiplano guatemalteco.