El color de la experiencia

El ojo humano es capaz de visualizar hasta diez millones de colores. La paleta de la naturaleza tiene esa y probablemente más cantidad de tonos a su disposición. Nuestra visión está hecha para ver el espectro que está entre la luz ultravioleta y la luz roja. Pero los objetos técnicamente no poseen color, más bien absorben algo de la luz y reflejan el resto en forma de longitudes de onda lumínicas que son captadas por nuestros ojos e interpretadas en nuestro cerebro.

Todos somos inconscientes de este mecanismo que ocurre miles de millones de veces durante nuestras vidas. Y este proceso es un viaje que nos conecta con el mundo, con cosas, personas y situaciones que van moldeándonos. Incluso nuestros ojos van adquiriendo experiencia lo que a su vez influencia nuestra percepción de color. La constancia que proporciona nuestra experiencia visual permite que mantengamos la percepción del color de un objeto a pesar de estar en diferentes condiciones de luz. Luego de ir adquiriendo experiencia visual, una manzana normalmente será roja en nuestro cerebro a pesar de estar bajo una luz azul.

“Nuestra visión está hecha para ver el espectro que está entre la luz ultravioleta y la luz roja.”

Pero hay mucho más allá del proceso fisiológico y físico por el cual vemos y percibimos los colores. Los humanos también damos significado al color. Le damos vida a nuestra vida con el color. Buscamos esto de manera consciente y seguramente también de forma inconsciente. Basta ver cómo escogemos el color para pintar nuestra casa, ese lugar en el que nos sentimos seguros y cómodos, talvez tratando de reflejar un lugar en la naturaleza a la que no tenemos acceso todo el tiempo, como un permanente viaje a la montaña o al atardecer de nuestras añoradas vacaciones en el mar. O quizás recordando cuando vivíamos con un ser querido, como imaginando a nuestra abuela sentada tejiendo en su silla dándonos un beso de bienvenida, con las colas de quetzal alrededor y la pared color musgo a sus espaldas, que acentuaba la paz de sus dulces palabras. Casi podemos sentir

IMG_9054-min

el olor de sus guisos cuando entramos a la cocina, con las paredes manchadas de hollín, esas paredes que pintábamos cada diciembre para empezar visualmente en cero el año nuevo. Tampoco olvidamos el sudadero azul que prestamos por primera vez a aquella persona que nos gustaba tanto y que sigue allí como recuerdo de una batalla ganada.

Y mientras estamos en donde estamos hoy, constantemente llenamos nuestro interior del color que algún día recordaremos. Ese estudio acondicionado durante la pandemia, pintado para hacer menos deprimente nuestra surrealista vida estos meses de incertidumbre. Esa pantufla rosada que nos escoltó en nuestras reuniones virtuales frente a la pantalla de una computadora, mientras nuestro perro o nuestro gato nos hacían compañía

“Y mientras estamos en donde estamos hoy, constantemente llenamos nuestro interior del color que algún día recordaremos.”

 

Pensándolo detenidamente, es interesante hurgar en las ideas, recuerdos o emociones ocultas en cada color que rodea nuestras vidas. Talvez habrá que cerrar los ojos con más frecuencia para observar mejor nuestros colores, nuestras prendas, nuestro alrededor, respirar profundo y viajar en el tiempo y el espacio.

Danilo A. Alvarez Castillo

Danilo A. Alvarez Castillo

Guatemalteco. Médico veterinario e investigador. Amante entusiasta de la escritura.

MATYOX Es Arte-Sano Típico

Bolsos con diseños innovadores de cuero genuino y aplicaciones de tejido típico del altiplano guatemalteco.